Texto y Fotos Antonio Ortega

CDMX.-En el universo visual de la moda, donde la estética suele dominar la conversación, Natalia Fonseca propone una pausa. Periodista y creadora colombiana, ha encontrado en el arte performático una manera de transformar lo íntimo en experiencia compartida.
Su proyecto, Punctum, no es una pasarela convencional, sino una exploración emocional de aquello que realmente nos conmueve. Inspirada en el concepto acuñado por el teórico francés Roland Barthes en “La cámara lúcida”, Natalia retoma la idea del “Punctum” —ese detalle que atraviesa la mirada y llega a las emociones, que hiere, punza o toca lo más profundo— para convertirlo en un lenguaje visual y corporal.
“El punctum es eso, que no sólo se ve, sino que te atraviesa, puede doler. Es ese elemento que traspasa el ojo y llega a lo más hondo”, explica, como si repasara algo vivido.
Del duelo a la creación
El origen del proyecto tiene una raíz profundamente personal -Fue una necesidad de transformar el dolor-, confiesa. -Me enfoqué completamente y, en menos de dos meses, lo que empezó como un evento de moda se convirtió en un fashion performance, un acto de catarsis-.

Esa energía se tradujo en una experiencia donde la moda, la danza, la ilustración y el body painting se encontraron en un mismo espacio: el Estudio Squash 73, en la Ciudad de México fue el testigo. Cada intervención surgió de la colaboración libre entre artistas: bailarines, diseñadores, ilustradoras y maquilladoras.
“Lo más importante para mí era darles libertad creativa. No quería imponer nada. Les decía: este es el concepto, pero hazlo tuyo, apropíate del espacio y muestra tu arte”, recuerda Natalia.
Así, los bailarines Aldo Ánimas, Ylena Jaramillo, Evelyn Cuellar y Nancy Mijares transformaron las prendas en movimiento; los diseñadores Hugo (Huellah) y Yahir (Yeconcept) presentaron piezas que dialogaban con el cuerpo y la emoción; la artista visual Avanna Victoria Ángeles intervino el piso con carboncillo desde su propio cuerpo; y la make up artist Andrea Rodríguez realizó un body painting en vivo sobre la modelo Daniela Selley, convirtiendo la piel en lienzo y la intimidad del maquillaje en un acto público.
El equipo creativo se completó con la maquilista general Nuria Gutiérrez y el peinado de Victoria Borderline, quienes dieron cohesión estética a un proyecto que respiraba libertad y vulnerabilidad.

“Mostrar el proceso fue esencial —dice Natalia—. La gente sintió la fuerza del evento porque lo que se vio no fue sólo el resultado, sino la vulnerabilidad de cada creador.”
El cuerpo como territorio
El giro conceptual de Punctum se nutre de las lecturas y preguntas que acompañan la búsqueda de Natalia. Inspirada por un texto de Joanne Entwistle, comprendió que “el valor de un vestido no reside en la prenda en sí, sino en la huella del cuerpo que lo habitó”.
“Esa idea me conmovió mucho —dice—. Entendí que el cuerpo es el verdadero espacio donde habitamos, y quise que el evento partiera de ahí.”
Por eso, Punctum no busca simplemente mostrar moda, sino explorar cómo el cuerpo —con su historia, su memoria y su movimiento— se convierte en lenguaje. En escena, la ropa deja de ser objeto y se vuelve extensión del alma.




Arte, catarsis y comunidad
Más allá de lo personal, Natalia concibe Punctum como una plataforma para artistas emergentes latinoamericanos, un espacio autogestivo que da visibilidad a quienes están construyendo discursos desde la periferia.
“Quería darle voz a personas que están haciendo cosas increíbles desde lo emergente”, cuenta. “Verlos crear, hablar entre ellos, construir desde el arte… eso fue lo más valioso.”

Como protesta a la velocidad con que consumimos imágenes hoy. En un mundo donde lo visual se esfuma en segundos, Punctum apuesta por mostrar el proceso, la gestación, el esfuerzo.
“Es importante enseñar lo que hay detrás, no sólo el producto final. Mostrar el camino también es arte”, reflexiona.
Un concepto que viaja

Tras el éxito de la edición realizada en la Ciudad de México, Natalia ya piensa en la siguiente.
“La próxima será en Bogotá, Colombia, en 2026. Quiero seguir expandiendo el proyecto, hacerlo mejor cada vez. No por presión social, sino por crecimiento personal”, asegura.
Y añade, con una sonrisa que parece resumir el espíritu del Punctum: “Es mi bebé, una extensión de mí. Quiero que siga evolucionando, como yo.”
El sentido del Punctum
En palabras de Roland Barthes, el punctum es ese detalle de una fotografía que “me punza, me hiere”. No es lo que se busca o se construye deliberadamente (el studium), sino aquello que se escapa al control del autor y toca una fibra interior en quien mira.
Natalia Fonseca tomó esa idea y la llevó al cuerpo, a la pasarela, a la escena.
En Punctum, cada gesto, cada movimiento, cada trazo de carboncillo o pincel se convierte en ese instante que duele y, al mismo tiempo, libera.






